La crisis de seguridad en Santa Fe entró en una fase crítica. Tras una semana de malestar latente, un sector de la policía provincial profundizó las medidas de fuerza con un ruidoso “sirenazo” frente a la Jefatura de Rosario. El acuartelamiento, que ya pone en jaque el patrullaje en las calles, se mantiene firme a pesar del llamado al orden emitido por el Ministerio de Seguridad.

Los efectivos en huelga establecieron una hoja de ruta innegociable. "Primero queremos que se levanten todas las sanciones a los compañeros; segundo, que se firme el decreto de aumento salarial; y recién ahí levantaremos la manifestación", sentenció uno de los voceros. 

El reclamo apuntó directamente al despacho principal de la Casa Gris. "No somos números, somos personas con familias. Queremos que Pullaro nos reciba", exigió una de las manifestantes.

La respuesta oficial no tardó en llegar, pero lejos de calmar las aguas, endureció la postura del Ejecutivo. El ministro de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni, lanzó una orden directa a los uniformados que habían sido pasados a disponibilidad. "Insto a que, en lo inmediato, se presenten en la Jefatura, tomen el arma y el chaleco, y se reintegren al servicio", resaltó.

Por ahora, el diálogo está roto y las calles de Rosario aguardan una resolución en un clima de total incertidumbre.